Nice.Fucking.Life.

Eran las nueve de la mañana de un domingo, la avenida estaba sola. Aun así se podía ver a una pareja discutiendo en la panadería, en las mesas de afuera. Cuando Miss Me entró a comprar medio kilo de tostadas, 300 gramos de queso blanco y un buen marrón oscuro, hablaban muy alto y la chica levantaba las manos con violencia. Cuando salió los dos reían y se miraban a los ojos, muy de cerca.

Recordó que antes ella no era diferente: reía, amaba. La gente decía que la admiraba y pensaba en ella como un final feliz, pero ella casi no piensa en esos tiempos. No hay razón.

Llegó a su casa a las nueve y media para pasarse la mañana como de costumbre, escuchando  discos antiguos y otros que aún no se conocen. Con la inyectadora en el brazo se quedó dormida. Tuvo ese sueño horrible. Se levantó apenas Zeta empezó a tocar su puerta pero se tardó un rato sacándose el mareo en el lavaplatos. Dejó correr el chorro por un momento para asegurarse de estar despierta y de que ninguna criatura invisible viniera a deformarle la cara con el truco del agua hirviendo. Para cuando terminó Zeta estaba a punto de caerle a tiros a la puerta. Por lo que se veía tenía sólo una cortada en la mano envuelta en una camisa, pero parecía indignado. Miss Me lo trató como a todos (“¿Qué tiene?” Y “Pase. Espere un momento, por favor”). Pero él la miró como si fuera a matarla. Entró a la sala tan rápido que ella tuvo que hacerse a un lado para que no se la llevara por delante. Pensó que iba a gritarle y a destrozarle la sala, pero el hombre se sentó mirándose la herida y no molestó más.

Costaba tanto conseguir un doctor. Z tardó un buen rato en encontrarla, nadie quería darle la dirección. Su mala conducta era famosa ella sola, tanto que ni siquiera su gente respondía por él. Al final fue el propio Jefe el que tuvo que darle la dirección. “Son unos puntos. No seas ladilla”, le había dicho por teléfono, también “no la mates. Me sabe a mierda si la violas, te la coges, le entras a coñazos, lo que sea, pero no la mates”. Z pensó que el jefe era ciego o estúpido: si nada más con empujarla la hubiera mandado al otro lado de lo flaca que estaba.

Miss Me vive en un edificio de mala muerte rodeado norte, sur y oeste por un barrio, un barrio pequeño pero jodido. Al asomarse por la ventana de la cocina se pueden ver ranchos de los materiales más absurdos, también la calle principal construida a lo largo de una cloaca como si la cloaca fuera un río, uno de esos que salen en postales y adonde la gente va a pasear al atardecer. En la noche el ruido de disparos de todos los calibres mantiene informados a los habitantes de la zona de los diferentes sucesos: empezó la fiesta, se acabó la fiesta, hay carrera de motos en la quebrada, súbele el volumen, bájale el volumen, ___se cogió a la esposa de___, mataron a___.

Cuando Z llegó Miss Me tenía cinco años viviendo ahí. No le iba mal, tampoco salía mucho de su apartamento. Cuando se armaban tiroteos en el pasillo ella ni pestañeaba. Estaba bien conectada y nadie la molestaba. Ni siquiera para buscar hache. No acostumbraba a recibir visitas además de las consultas pero trataba de mantener limpia su casa, tal vez como recuerdo de lo que había sido: tenía 32 años y era médico, médico de verdad. Su título colgaba en la pared de la sala como en cualquier consultorio. El marco cursi dorado lo había escogido su mamá, porque si fuera por ella hubiera terminado en el closet en el mismo estuche negro en el que se lo dieron. Miss Me recibía niños, vecinos de todas las clases, había atendido a un par de perros, pero lo principal era la lista de heridos del fin de semana, de esa clase que no quiere ir a un hospital a que lo terminen de matar. Su lista le daba para vivir, es decir le daba para drogarse. Y no había mejor forma de drogarse que con el producto de alguien que dependía de ella.

Pero aún con lo raro de esa combinación lo único que vio Zeta  fue una puerta blanca con algunos raspones, un timbre gastado y una sala con los muebles mínimos. Desde el sofá se veía la puerta de un cuarto con las paredes llenas de libros. En la pared frente al sofá unos afiches y cuadros como intento de adorno: un Dante’s Inferno que asustaba a los niños pero que Miss Me tenía porque le parecía chistoso. Alrededor de este un montón de miniaturas de Klimt con mujeres desnudas, algún que otro Braque, Dubuffet, unos grabados de Picasso… eran reproducciones bastante buenas y pegadas con cierto orden estético. Los muebles eran baratos, del Tijerazo o Traki, el piso limpio pero no pulido. Al lado de la ventana la computadora. El reino self made de una drogadicta muerta de hambre.

“Si tiene todo esto no le haría mal comerse un sándwich de pan Bimbo, por lo menos”.

La mano le sangraba mucho, la tenía abierta en toda la palma. El corte era profundo pero no había  tocado ningún cable. No tenía que haber metido la mano cuando sacaron el machete, pero era un reflejo, es algo muy difícil de evitar. Si quería aprender algo era a ignorar esos reflejos inútiles.

Miss Me ya se tardaba mucho. No estaba preparando nada: la verdad era que todavía estaba mareada y tenía miedo de que le temblara el pulso.

Por puro fastidio Z trató de analizarla. Si pudiera ser un demonio o un súper héroe una de las cosas que haría sería tomar el lugar de un borracho o un drogadicto: se sacaría la duda por fin, de cómo alguien podía depender de algo. Sabía por experiencia que la vida de un adicto que llevara los brazos como Miss Me era todo menos ordenada. En cambio le dijeron que la única limitación para sus servicios era no tocar cuando el número de la puerta estuviera al revés. Era la señal de “No Molestar” y él la había ignorado. Aun así estaba ahí adentro. Por fin Miss Me le dijo que pasara. Tenía una inyectadora con un líquido transparente en la mano.

-Te voy a poner la toxoide primero.

No dijo nada, pero si hubiera sido otro el de la inyectadora le hubiera pedido ver el empaque. Incluso muchos años después jamás se daría cuenta de lo rápido que pudo llegar a confiar en ella.

Enseguida le puso la anestesia, le limpió la herida con betadine y empezó a coser.

-Necesitas puntos internos. Esto va a tardar.

Z se había parado muy rápido del sofá. Tampoco era tan observador como él creía. Si lo fuera se hubiera dado cuenta de que en la esquina inferior derecha del collage había una foto, una que no era famosa. Aunque sólo dos personas en el mundo supieran el título era lo más importante de ese pasticho pretencioso y de mal gusto. Se llamaba “Gotas Fosforescentes Sobre Suelo Gris”, y tanto a ella como a Carlos les había parecido un buen chiste.

Se trataba del hilo de sangre que había corrido por su brazo en un hotel de Oslo.  Miss Me  quería pintar un cuadro de ese momento pero tuvo que conformarse con una foto. No sabía pintar. Eran tan tontos que la acomodaron con Photoshop para que el suelo fuera gris y la sangre muy roja, como la sangre de un niño. Una foto no era nada, a veces las cosas más reales solo las puede representar la mente. No importaba Carlos y ella se tomarían mil fotos más que le mostrarían a la familia de ambos cuando regresaran a Caracas, pero ese recuerdo era algo entre los dos.

Miss Me siempre había tenido problemas de coagulación, por eso nunca se atrevió con la inyectadora. Tenía la piel muy blanca también y no quería vivir dando explicaciones. Más de una vez después de eso, se alegró de haberse atrevido y perder la vergüenza de los primeros tiempos.

También de vez en cuando tenía ganas de cambiar las cosas, levantarse temprano, trabajar de verdad, probar otra cosa. Pero ninguno de los dos impulsos era tan fuerte como para cambiar nada: ni el descaro era capaz de hacerla feliz ni el remordimiento era tanto como para dejarlo todo. Estaba atrapada. Estaba maldita, como todos los seres humanos se había acostumbrado a su vida con un “podría ser peor”. Tampoco esperaba la muerte, pero ya no le tenía miedo. Cuando llegara la recibiría con una carcajada, una risa de burla, su muerte era lo único que estaba previsto en su mundo sin mañana. “Así que por fin llegaste: no me das miedo, te estaba esperando”. Se iría sin mirar atrás, sin pedir perdón por ABSOLUTAMENTE NADA. Atrás quedaría la gente que la recordaría tal y como era: espíritu libre, millones de ideas, NADA. Ella no se acordaría de ellos.

Z conocía demasiado de emociones tontas. Había sido el autor de muchas muertes como para no entender lo más importante.  Pero no entendía a los suicidas. Menos  a estos que lo hacían por cuotas.  El dolor no físico, causado por cosas tan estúpidas como una quiebra, un rechazo, la muerte de un hijo era lo más distintivo del ser humano, eso y el sentido de conservar la propia vida. La indiferencia de Miss Me por las dos cosas le parecía inhumana, sub normal.

Unos niños jugaban en el pasillo, era bastante fastidioso escuchar su escándalo. Él ya estaba incómodo en esa silla dura de ambulatorio, que le dejaba las rodillas encogidas. Y mirando la habitación era igual de estúpida que un ambulatorio. Incluso había dos afiches de anatomía: uno de los músculos y huesos, otro del sistema nervioso y los órganos internos. ¿Para qué coño alguien que no se molestaba en taparse los brazos iba a tratar de adornar un consultorio ilegal?

-Ustedes son todos iguales, los doctores. Cómo quieren que sepan que son inteligentes pegan en la pared toda la mierda que les mandan los laboratorios.

-¿Los afiches? Es una chuleta. Aunque algunos lo hacen, es verdad.

-Me preocupa que necesites una chuleta.

-Todos la necesitan alguna vez. Por ejemplo si a ti te pidieran escoger entre C4 y nitro tendrías que buscar en Google o “preguntarle a un amigo”.

Lo dijo sonriendo. Él no supo cómo reaccionar, pero se quedó serio.

-¿Para qué necesita un doctor una chuleta? ¿No fuiste a la universidad?

-Sí, pero en la universidad te hacen exámenes. Los pasas y no te vuelven a preguntar por lo que ya te preguntaron. La mayoría de los exámenes son de memoria y la memoria es lo más cortoplazo que hay. Después vienen las prácticas pero casi nunca se salen de 10 cosas básicas. Prefiero estar preparada por si sale algo raro. Estoy yo sola aquí así que quiero estar lo más clara posible. Así  sea para saber si puedo resolver algo o no.

Miss Me seguía cosiendo pero de cuando en cuando levantaba la vista y sonreía como si él fuera un niño. Él no quiso discutir por eso.

-Ok ¿y los otros, entonces, por qué pegan esos afiches?

-Para sentirse bien. Te explico: los médicos en sí no somos científicos. Las medicinas las hacen químicos con bio analistas, después las pruebas las dirige un médico que anota todos los efectos de la fulana pastilla y manda los resultados al laboratorio para que ellos lo analicen. Las enfermedades, bichos, bacterias, virus, lo que sea, las consiguen los biólogos y genetistas. Para ser genetista o virólogo hay que ser biólogo no doctor, con eso te digo todo. El médico cuando quiere ser genetista lo que se pone es analizar unos datos que el verdadero genetista le manda, porque nosotros de cadenas de ADN ni puta idea, lo que hacemos es anotar síntomas. La mayoría de los tratamientos e instrumentos de diagnóstico los hacen, químicos, bioanalistas o físicos. Nosotros solo tenemos poder sobre la vida y la muerte, jeje…y eso por un cuento que otros nos echaron. En fin tenemos síndrome de pene pequeño igual que los ingenieros y los músicos con título… ¡qué basura! De lo peor de verdad.

Zeta no reaccionaba. Miss Me se dio cuenta pero siguió.

-Cuando te encuentres con un amigo médico que te quiera humillar le dices eso para que se arreche. En el fondo sabe que es verdad. Por eso es que es súper importante tenernos confianza y que los pacientes nos la tengan también. Para eso son los afiches. Mientras más laboratorios más prestigio igual con los títulos, así sea de cursos de fin de semana.

-¿Y para qué estudiaste medicina?

-Para esto: para hacer lo mismo que te haría una enfermera o cualquiera con tres dedos de frente.

-¿Entonces…para qué estudiaste medicina?

-Elegí mal, le pasa a mucha gente. Pero no te creas, siempre hace falta médicos igual que hace falta gente que barra las calles. La diferencia es que es difícil barrer mal las calles. Me expliqué mal: no somos científicos, eso es todo. No tiene nada de malo. Los poetas tampoco son científicos y les va bien. Lo que pasa es que alguien que estudia medicina le gusta estar en control de algo y cuando sabe que no lo está le da una vaina, eso es todo.

-Jeje, está bien. Pero cualquiera tiene poder sobre la vida y la muerte. Hasta yo, para eso no hace falta estudiar.

Miss Me quiso decir que no era lo mismo matar a alguien que tratar de salvarle la vida pero no se atrevió. Ella sabía quién era Zeta, su fama lo precedía. Si fuera supersticiosa diría que su mal viaje de la mañana no había sido un mal viaje sino una premonición. Pero ella no era creyente, eso no podía ser. A través de la camisa blanca y de la camiseta se  veía el bulto que hacía la 22 automática. Si hubiera tocado su tobillo derecho hubiese sentido la otra, la 9 semi.

Pero sí: había tenido malos tiempos en el hospital, su oficio tampoco podía tomarse a la ligera, aunque el 90% de sus colegas lo hiciera.

-Hay campos en donde los médicos sí se destacan: la neurocirugía es una ciencia, también la cardiología, tú sabes las cirugías muy complicadas. En esas sí no hay competencia, cualquiera te puede decir lo que sea pero sólo tú has estado allí. ¿Entiendes?

-Algo. Mi novia está estudiando medicina. Está en el segundo semestre. ¿Qué le digo?

-Nada ¿qué le vas a decir?

-Nada: que se vaya por neurocirugía o algo bueno.

-No te creas, como todo lo que es bueno, no todo el mundo sirve para eso. Si ella lo quiere lo va a decidir ella, más nadie.

Zeta tuvo ganas de decirle que no valía la pena estudiar algo que no valiera en dinero el esfuerzo, pero sabía que eso era lo que decía todo el mundo. Si algo sabía Zeta era que la gente siempre se equivocaba y si algo sabía bien era que no existía “algo” que “diera” dinero sin mucho esfuerzo. Ni siquiera las drogas. Ojalá todo el mundo supiera eso. Si él fuera reina de belleza desearía eso, pero como no lo era le daba igual. Por él todo el mundo se moría mañana y que lo dejaran tranquilo. Nada más.

-Ya voy a terminar.

-Tengo hambre.

Miss Me respondió lo más natural, pero el corazón le latió más lento. Ese sueño… no la dejaba tranquila.

-En la avenida hay una panadería, frente a la plaza. De todas formas un poquito más arriba en los bloques pequeños, hay unos puestos en donde venden empanadas, arepas y hay uno de hervido a la leña. Es muy bueno ese…

-No quiero caminar, cocina tú.

Balbuceó, iba a responder algo ¿pero qué? Era una orden.

Respiró lentamente, hizo los últimos puntos y tomó la bandeja con los desechos. Los metió en una bolsa ziploc junto con los guantes y lo echó todo en una papelera negra. Fue a lavarse las manos y dijo:

-Ya voy, espera en la sala por favor.

Cerró la puerta del baño. Todavía estaba mareada y ahora molesta…y ¿asustada? Estaba incómoda eso era. El tipo tenía mala actitud. Ni con el jefe había tenido esa clase de problemas. El tipo era todo un caballero del malandraje, le pagaba una cuota mensual por atender a los suyos y además le dejaba propinas y regalos. Hasta la llamaba para saber cómo estaba si pasaba mucho tiempo sin verla. Este Zeta era una basura, un hijito de papá y mamá dándoselas de malo. También se la llevaba bien con los otros del cartel, eran unos antisociales muy buena gente y jodedores, un poquito acaba trapos, pero al menos la hacían reír con sus chistes groseros.

Se volvió a lavar la cara y salió antes de que Zeta empezara a llamarla.

-¿Estás  molesta?- le dijo al verla salir. La había esperado a la salida del pasillo y no en la sala.

-No, un poco mareada.

-Y pálida, ¿por qué no comes?

-Ya comí.

-Pues deberías comer cada vez que se te presente la oportunidad -lo dijo mirándole las rodillas huesudas y rojas, con todos los pequeños vasos a la vista.

La siguió hasta la cocina. Miss Me abrió la nevera y le preguntó que quería.

-Un sándwich de jamón y queso con pan Bimbo. Bueno cuatro.

-Tengo New York Bread.

-Lo que sea.

-¿Qué tal queso gouda y pastrami? No tengo jamón.

-Mejor.

-También tengo salchichón.

-Mucho mejor todavía. Hazte uno también. Vas a comer conmigo.

-¿Obligado?

-Deberías, ¿no te has visto en un espejo? Das asco.

Miss Me apretó los dientes, ahora sí estaba molesta. Picó el salchichón y rellenó los sándwiches, les puso mayonesa y los lanzó en la plancha de mala gana.

-No te arreches. Lo digo por tu bien.

-Pero puedes tener modales.

-Yo hablo claro, si no te gusta me sabe a mierda. ¿No te gusta?

-No.

Zeta se rió.

-¿Y qué vas a hacer?

Sintió rabia. Al final pudo hablar…

-Nada.

Zeta volvió a reírse.

Puso los sándwiches en los platos ahí mismo, en la mesa de la cocina. Acercó dos banquitos a que estaban junto a la venta. Tomó su sándwich y comió. Cuando terminó Zeta había devorado los suyos también. Con la boca todavía llena le dijo “te faltó el refresco”, Miss Me le sirvió un vaso de jugo de naranja que él se tomó de un sorbo, con el mismo vaso golpeó la mesa pidiendo más.

-Ya me cansé, toma de la jarra si te da la gana… Yo no soy una de tus putas.

-Mucho cuidado –se había levantado, le tenía un dedo en la sien y la miraba a los ojos. Ya te dije ya, no seas balurda sólo te estaba pidiendo jugo.

Ella salió a la sala. Se sentó en la computadora y abrió sin ganas una de sus páginas favoritas. Él salió al rato y se quedó viéndola. Ella juntó fuerzas para decir lo que no le convenía. Si se iba a morir con un plomazo en la cabeza, ni modo, pero que por favor no fuera este pajúo el que se diera el gusto.

-¿Es que nunca te vas a ir?

-Sí pero no ahorita. ¿Qué lees?

-Un libro…un artículo, bueno un artículo de un libro.

-¿De quién?

-Stephen King, es un escritor de best sellers, pero tiene algunos buenos. Son de terror y suspenso.

-Guao, gracias. No sabía quién era, de verdad. Pobrecito no vendería libros si no fuera por ti. Ya deja de suspirar es sólo un chiste. Y de tanto arrugar esa frente ya la tienes toda rayada.

-¿Qué edad tienes?

-23.

-Pues ya deberías madurar ¿no te parece?

-¿Para qué? ¿Para terminar viejo y amargado como tú o para que tú te sientas bien? Tú eres la que debería madurar. Si no te gusta que te digan las cosas en la cara no…

-¿No qué?

-No abras la puerta.

-Me la hubieras tumbado.

-Eso es verdad. Jajaja.

-¿Por qué no te vas entonces? Si te doy asco deberías irte, así no tendrías que verme.

-¿Tú sabes quién soy yo y cuánta gente he matado?

-Como a 60, no sé la cifra exacta. Pero vete y ya, no me interesa.

-79 y he violado como a 50 tipas. Y tú vienes y me hablas así. ¿No te importa que te mate, de verdad?

Se había acercado mucho, ya estaba detrás de ella pero ella no iba a moverse, ni a dejar que notara lo rápida que se hacía su respiración.

-50 tipas y algunas murieron de forma bien fea ¿te cuento?

-No.

-A ti no tendría que matarte, ya con cogerte estarías lista pal cementerio. Con esa falta de culo te parto en dos.

Sintió un bulto detrás de la cabeza, el muy asqueroso se había excitado nada más hablándole así. Le daba asco él, todo su ser, como se le ocurría pegarle su miembro de la cabeza. Sintió una mano sudada en su hombro y se apretó más contra ella. No podía soportarlo, qué coño si se iba a morir por lo menos quería irse con un gusto. Agarró la navaja que tenía escondida en la bandeja del teclado la abrió con cuidado y con un golpe seco trató de enterrársela a Zeta en los pantalones. Era una estupidez, estaba en una posición incómoda y aunque hubiera podido era muy pequeña y muy débil para Zeta. Lo único que consiguió fue arañarle el antebrazo.

Zeta tiró la navaja a un lado, y con la mano sana la tiró contra la pared, tumbando parte de las miniaturas. Se puso roja y estaba como privada, Zeta se acercó para ver si respiraba pero recordó lo que le dijo el jefe y le levantó la cara con la punta de la bota. Respiraba. Abrió los ojos como una muñeca y trató de lanzársele encima. Al muchacho le pareció que era curioso que tan poquita cosa tuviera tanta actitud, así que la pateó en las costillas y la dejó tranquila. Sacó un paquete de Belmont que tenía en el bolsillo y se prendió uno tranquilamente. No se sentó. Por fin se iba.

Sacó la billetera y le tiró dos billetes de cien con la misma mano.

-De verdad que eres cómica. Cómo se te ocurre. Ahí tienes pa’ que te metas tu vaina tranquila.

-Vete de una vez y llévate tu plata.

Zeta volvió a sonreír. Cómo le divertía la dignidad de la puta, ¿acaso iba a salvar el orgullo si no cobraba?

-Si no quieres causar risa deberías primero taparte los brazos y después decir que no.

Y decían que él era estúpido. Se metió la billetera en el bolsillo y se fue tirando la puerta.

Miss Me no quería moverse. Fijó la vista en las miniaturas caídas y justamente al lado de su pie (tenía la espalda apoyada contra la pared y las piernas abiertas) estaba la foto. La agarró. La había olvidado. De todas las cosas que había botado de Carlos y de su corto matrimonio, se había quedado con eso. Su luna de miel en Europa.  Era tan lejano que parecía ocurrido en otro planeta. Habían pasado cinco años desde que él se fue a meterse su propia droga. Con el poco dinero que le dejó alcanzó a mudarse. No quería saber nada más de ese tiempo, trató de pensar en otra cosa pero se levantó y volvió a mirar la foto. Por primera vez en mucho tiempo se atrevió a llorar.

Fueron un par de lágrimas que se secó enseguida, pero la cara se le puso roja y el pecho le dolía. Cojeando se acercó a la puerta para pasarle llave. Iba a volver a la vieja rutina. Recordó un detalle: había que darle la vuelta al número.

Dejó la foto sobre la mesa y abrió la puerta. Primero encontró a Zeta mirándola desde los ascensores. No cerró inmediatamente, pero hubiera querido hacerlo. Le reventó que el tipo hubiera apostado a que no iba a tardar en hacer eso. Cuando se fijó vio que el número de la puerta había estado al revés todo ese rato.

El chico sonreía. Había ganado otra vez. Tiró la colilla del cigarro y mostró los dientes.

Miss Me cerró. Al regresar volvió a mirar la foto sobre la mesa. No lloró pero por primera vez en su vida de muerta deseó regresar a ese tiempo para hacerlo todo diferente.

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  1. #1 por The Goddamn Devil el 9 mayo, 2011 - 12:18

    muy bueno… me has hecho la mañana con esta joya…
    saludos, en un rato lo releo, porque vale la pena echarle otro ojo…

  2. #2 por The Goddamn Devil el 9 mayo, 2011 - 16:37

    ehm… yo se que no rezas mucho, pero deberias ligar esto…
    http://judaspriest.com/news/fullstory.asp?id=CC7415FC-5B04-4B2C-A4F5-467E3EAFAC46

  3. #3 por gogo yubari el 9 mayo, 2011 - 17:04

    *Múltiples gritos de niña* ya me había pasado por donde Slave…llevo como media hora gritando con mi hermana…
    voy a ver si subo unos videachos de mi DVD del Electric Eye para celebrar.

  1. pret implant dentar

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